La Resiliencia, algo a promover

La Resiliencia, algo a promover:
Facultad humana que permite a las personas, a pesar de atravesar situaciones adversas, lograr salir no solamente a salvo, sino aún transformados positivamente por la experiencia. 
Lic. Silvia A. López
La resiliencia es un término que proviene de la física y se refiere a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones.
Por analogía, en las ciencias humanas se comenzó a utilizar esta palabra para designar la facultad humana que permite a las personas, a pesar de atravesar situaciones adversas, lograr salir no solamente a salvo, sino aún transformados por la experiencia. 
Capacidad que probablemente sea tan antigua como la humanidad, y, seguramente fue la única manera que tuvieron muchos pueblos y personas que fueron capaces de resistir frente a la destrucción, y aún así construir algo positivo 
Sin embargo, el interés científico en este tema es reciente. Las investigaciones actualmente apuntan a alcanzar un conocimiento más sistemático de la resiliencia con miras a la aplicación práctica del mismo. 
Los estudios, en parte, surgen de las observaciones que realizaron algunos científicos que veían con asombro cómo ciertos niños expuestos a condiciones de vida altamente estresantes, lograban sobreponerse constructivamente, mientras otros terminaban siendo adultos "dañados".
Teniendo en cuenta que la resiliencia, como la mayoría de las facultades humanas, no es un don totalmente innato, ni totalmente adquirido, se trató de identificar cuáles eran los factores que promovían aquella protección, con el objetivo de buscar herramientas metodológicas que permitan fomentarlos en las personas.
Si bien esto puede aplicarse a familias, grupos o individuos, han sido mayormente hasta ahora los niños y jóvenes las poblaciones sobre las que más se trabajó. Esto es comprensible ya que estos períodos de la vida humana representan oportunidades muy favorables de intervención para el desarrollo de posibilidades que apunten a una mejor calidad de vida futura. 
Si bien no se trata de una lista exhaustiva, la mayoría de los investigadores coinciden en que entre los ámbitos a desarrollar para contribuir a fomentar la resiliencia infantil se destacan:

  • Las redes de apoyo informales (parientes, amigos, maestros) y sobre todo, la aceptación incondicional del niño por al menos una persona significativa.
  • La capacidad de encontrarle algún sentido a la vida.
  • Las aptitudes sociales y aptitudes resolutivas que permitan la sensación de tener cierto control sobre la propia vida.
  • La autoestima o concepción positiva de uno mismo.
  • El desarrollo del sentido del humor.

Si nos detenemos a observar la realidad en que viven nuestros jóvenes actualmente podemos ver cómo ciertas condiciones influyen negativamente en su desarrollo: carencia de redes de apoyo social para enfrentar las dificultades, incorporación prematura al empleo, desempeño de trabajos marginales o contractualmente precarios, falta de protección de su salud y derechos laborales, desocupación prolongada, fracaso y abandono escolar, adicción a las drogas y al alcohol etc. Todo esto se traduce en una baja autoestima, ausencia de un proyecto de futuro y dificultad para darle sentido al presente. 
Por diversas razones la etapa de la adolescencia goza de una muy débil empatía por parte de nuestra sociedad. Esto se manifiesta, en parte en la falta de oportunidades que se les brinda a los jóvenes para que puedan comunicar sus necesidades, desarrollar sus talentos,y valorar sus aportes al entorno. Pero además, complementariamente, se los visualiza como un segmento problemático, deficitario, vulnerable, enfatizando sobre los aspectos negativos, con lo cual se alienta la estigmatización de este sector. 
Resulta clara, a partir de estas reflexiones, la urgente necesidad de que tanto los niños, como los adolescentes sean considerados como grupos de alto valor para el desarrollo de la sociedad. Que se impulsen acciones tendientes a favorecer su inclusión social, que se aproveche su capacidad, vitalidad y energía para participar activamente en su presente y construir, con nuestro apoyo, su proyecto de vida. 
Considero que tener en cuenta qué acciones y características, de nuestra parte, promueven la resiliencia, y cuáles no, debiese ser prioritario no sólo para los profesionales de la salud, padres y maestros sinó para todo aquel que esté en contacto con niños y adolescentes.

Para finalizar, me gustaría compartir la siguiente meditación del monje ortodoxo Anthony Bloom, "El ícono dañado", la cual refleja muy sabiamente esto que estamos tratando:
"Es imposible aportar nada a nadie sin buscar y ver en cada cual todo lo bonito que tiene, porque identificando lo malo, lo feo, lo torcido no se ayuda a nadie. Cristo miró a todos los que conoció, tanto a la prostituta como al ladrón, advirtiendo la belleza escondida en cada uno de ellos. Tal vez fuera belleza torcida o dañada, pero era belleza por donde se mirara, y lo que Él hizo fue llamarla a voces. Esto es lo que nos corresponde hacer con los demás. Pero, para ello, primero debemos ser puros de corazón, de intenciones y mostramos abiertos - cualidades que a menudo echamos en falta- para poder escuchar, mirar y ver tanta belleza encubierta. Cada cual está hecho a semejanza de Dios, y cada cual se parece a un icono dañado. Pero si se nos diera un icono dañado por el tiempo y los acontecimientos, o profanado por el odio de los hombres, lo trataríamos con el corazón quebrado, con ternura y reverencia. No prestaríamos atención al hecho de que esté dañado, sino a la tragedia de que lo esté. Daríamos importancia a lo que perdura de belleza, y no a lo que está destruido. Y así es como debemos actuar con los demás".